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El sacerdote es indispensable

Quedaba inaugurado el Año Sacerdotal, con un mensaje que enlazaba a la perfección con el Año Paulino, a punto de concluir. A los sacerdotes, y en especial a los párrocos, Benedicto XVI les invita a «dejarse conquistar plenamente por Cristo». Y les recuerda que «nada hace sufrir más a la Iglesia que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos que se convierten en ladrones de ovejas, o porque las desvían con sus doctrinas privadas, o porque las atan con los lazos del pecado y la muerte».
En la víspera, se hizo pública una Carta del Papa a los 400 mil sacerdotes de la Iglesia, en la que explica que «este Año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo». Comienza el Santo Padre con un recuerdo personal del párroco con el que inició su ministerio de joven sacerdote. Su entrega sin reservas no pudo quedar más clara en el momento de su muerte, mientras «llevaba el viático a un enfermo grave». Esa misma entrega -añade- la vemos en «tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión» e incluso «perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de la sangre».
En la misma medida, es la devoción eucarística lo que definía a san Juan María de Vianney. «¡Oh, qué grande es el sacerdote! -cita el Papa al Cura de Ars-. Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la Redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros».
Pero estar en el mundo -como ha reiterado últimamente en diversas ocasiones- no implica dejarse contaminar por él. En la Carta a los presbíteros, Benedicto XVI habla, en particular, de la importancia del celibato. «La castidad brillaba en su mirada», decían del cura de Ars, «y los fieles -subraya el Papa- se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario, con los ojos de un enamorado».
Para informar sobre estas y otras noticias relacionadas con el Año Sacerdotal, la Congregación para el Clero ha abierto la página web http://annussacerdotalis.org






















