«Me llamo Vicente Delgado Pelarda, soy
sacerdote y, aunque nací en Soria, viví gran parte de mi vida en Valencia, en cuyo seminario estudié y donde me doctoré en Sagrada Teología. Fui párroco en Chelva y Mislata, y luego capellán mayor de la Real Capilla del Santísimo Cristo del Salvador, de Valencia. Quise desempeñar ese cargo con gran celo y piedad..., hasta que estalló la Guerra Civil. Para mí fue muy triste ver cómo quemaban la sagrada imagen del Cristo del Salvador, tan querida y venerada por mí y por la inmensa mayoría de los valencianos. Mis amigos y familiares me invitaron a esconderme, para que no me matasen por ser sacerdote, pero yo les dije que mi vida estaba ofrecida a Dios y que Él hiciese su voluntad con ella. Unos milicianos me detuvieron y me llevaron, junto a dos de mis sobrinas, a la checa del seminario. Allí nos insultaron, nos vejaron y nos pegaron. Más tarde, la misma noche del 18 de octubre de 1936, con un tiro en la nuca, nos mataron a mí y a mis dos sobrinas, Tomasa y María. Los perdoné de todo corazón antes de matarme. Fue en la carretera de Liria, en el término de Paterna. Nadie sabe dónde están nuestros restos mortales, ni falta que hace, porque nuestras almas reposan eternamente en el Señor, y espero que la de nuestros asesinos, por la misericordia de Dios, también hayan encontrado el reposo y la paz. Atentamente, desde el cielo, Vicente Delgado Pelarda». Así es.