Testimonios

El sacerdote es indispensable

«La Iglesia necesita sacerdotes santos», marcados por la devoción a la Eucaristía y el celo por la salvación de las almas, «que ayuden a los fieles a experimentar el amor misericordioso del Señor y sean sus testigos convencidos». Éstas son algunas de las claves que ha dado el Papa en la inauguración del Año Sacerdotal, que se celebra con ocasión del 150 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars


La solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús marcará el inicio y el final, en 2010, de este Año Sacerdotal. No es casualidad. En Él «está expresado el núcleo esencial del cristianismo», explicó el Papa, el pasado viernes, en su homilía de Vísperas, en la basílica de San Pedro. Tras acoger y venerar las reliquias de san Juan María de Vianney, el santo Cura de Ars, a quien el Papa proclamará este año Patrono de todos los sacerdotes del mundo, Benedicto XVI recordó que la misión del sacerdote es «indispensable para la Iglesia y para el mundo», y «requiere fidelidad total a Cristo e incesante unión con Él».
Quedaba inaugurado el Año Sacerdotal, con un mensaje que enlazaba a la perfección con el Año Paulino, a punto de concluir. A los sacerdotes, y en especial a los párrocos, Benedicto XVI les invita a «dejarse conquistar plenamente por Cristo». Y les recuerda que «nada hace sufrir más a la Iglesia que los pecados de sus pastores, sobre todo de aquellos que se convierten en ladrones de ovejas, o porque las desvían con sus doctrinas privadas, o porque las atan con los lazos del pecado y la muerte».
En la víspera, se hizo pública una Carta del Papa a los 400 mil sacerdotes de la Iglesia, en la que explica que «este Año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo». Comienza el Santo Padre con un recuerdo personal del párroco con el que inició su ministerio de joven sacerdote. Su entrega sin reservas no pudo quedar más clara en el momento de su muerte, mientras «llevaba el viático a un enfermo grave». Esa misma entrega -añade- la vemos en «tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión» e incluso «perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de la sangre».
Las almas cuestan la sangre de Cristo
La Carta, de la que Alfa y Omega informará más ampliamente en próximos números, es un bello texto repleto de referencias al Cura de Ars. De él pueden aprender hoy los sacerdotes «una confianza infinita en el sacramento de la Penitencia». Dice así el Papa: «Los sacerdotes no deberían resignarse nunca a ver vacíos sus confesionarios ni limitarse a constatar la indiferencia de los fieles hacia este sacramento». No, si al sacerdote le consume «el celo apostólico por la salvación de las almas». Benedicto XVI recuerda que el Cura de Ars daba una penitencia pequeña a los fieles, y hacía él el resto. «Su enseñanza sigue siendo válida para todos -dice el Papa-: las almas cuestan la sangre de Cristo, y el sacerdote no puede dedicarse a su salvación sin participar personalmente en el alto precio de la Redención».
En la misma medida, es la devoción eucarística lo que definía a san Juan María de Vianney. «¡Oh, qué grande es el sacerdote! -cita el Papa al Cura de Ars-. Si se diese cuenta, moriría... Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia... Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la Redención sobre la tierra... ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes... Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias... El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros».
La importancia del celibato
No es una clericalización de la Iglesia lo que pide el Papa, sino que todos, y, en primer lugar, los propios sacerdotes, redescubran la dignidad del ministerio. Al mismo tiempo, Benedicto XVI invita a «poner de relieve los ámbitos de colaboración en los que se debe dar cada vez más cabida a los laicos». Y en otro párrafo, anima a los presbíteros a «percibir la nueva primavera que el espíritu está suscitando en nuestros días en la Iglesia, a la que los movimientos eclesiales y las nuevas comunidades han contribuido positivamente».
Pero estar en el mundo -como ha reiterado últimamente en diversas ocasiones- no implica dejarse contaminar por él. En la Carta a los presbíteros, Benedicto XVI habla, en particular, de la importancia del celibato. «La castidad brillaba en su mirada», decían del cura de Ars, «y los fieles -subraya el Papa- se daban cuenta cuando clavaba la mirada en el sagrario, con los ojos de un enamorado».
Para informar sobre estas y otras noticias relacionadas con el Año Sacerdotal, la Congregación para el Clero ha abierto la página web http://annussacerdotalis.org
Ricardo Benjumea

 

 

"Unámonos a los sacerdotes del mundo y expresemos la gran alegría que tenemos por nuestra vocación y esa gratitud por que Dios se haya fijado en nuestra pequeñez", dijo el Cardenal Errázuriz al culminar el Año Sacerdotal, en Chile

Publicado 2010/06/14
Autor: Gaudium Press
Sección: América

Santiago (Lunes, 14-06-2010, Gaudium Press) Durante la mañana del sábado 12, más de 300 sacerdotes se congregaron en la Catedral Metropolitana para finalizar por medio de la celebración eucarística el Año Sacerdotal convocado por el Papa Benedicto XVI con motivo de los 150 años del fallecimiento del Santo Cura de Ars, modelo para los presbíteros.

culminación1.jpgLa jornada de clausura fue encabezada por el Arzobispo de Santiago, Cardenal Francisco Javier Errázuriz, quien durante la madrugada arribó al país desde Roma, en donde participó de las celebraciones de culminación del Año Sacerdotal organizadas por la Santa Sede.

Acompañados por centenares de fieles, los presbíteros iniciaron el encuentro con un momento de oración personal y Adoración al Santísimo. En la ocasión, los pastores de la Arquidiócesis de Santiago agradecieron a Dios por la vida de todos aquellos sacerdotes que cumplen fielmente su misión de anunciar el Evangelio a hombres y mujeres en todo el mundo; y pidieron perdón por las faltas y pecados cometidos.

Una vez culminada la Adoración se procedió a la celebración de la Solemne Eucaristía que fue concelebrada por todos los sacerdotes presentes en el Templo.

culminación3.jpgVocación sacerdotal: un ministerio extraordinario

En su homilía, el Cardenal reflexionó en torno a la vocación sacerdotal, afirmado que ésta no es un oficio, ni tampoco una profesión; sino un verdadero ministerio en que el que ha sido llamado tiene una identificación total con Cristo.

"Realmente nos escogió porque él quiso, no tenemos explicaciones humanas de por qué nos tocó a cada uno de nosotros, de por qué nos eligió para que estuviéramos con él (...) Hemos sido elegidos para realizar acciones salvíficas, acciones liberadoras del poder del pecado y de la muerte, acciones santificadoras. Hemos sido elegidos para realizar acciones sacramentales en el nombre de Jesucristo. ¡Es realmente extraordinario!", manifestó.

Y agregó que el desafío diario de cada sacerdote es "ser cada vez más Jesús, más transparente del primogénito y que lo reconoce como su hermano. ¡Qué hermosa es nuestra vocación! Por eso mismo, estamos llamados especialmente vivir unidos a Dios y a los hombres. Siendo Jesús tenemos una unión especial con las personas, con aquellos que Dios nos confía. Una vocación especial de amar con Jesús y como Jesús. Una vocación especial para perdonar con Jesús y como Jesús. Realmente qué hermosa es nuestra vocación de poder ser Jesús, de poder actuar como Jesús, de poder amar y perdonar como Él".

Unidad y comunión en el presbiterio

culminación2.jpgMás adelante, el purpurado invitó a los presbíteros a permanecer unidos y en comunión permanente: "Dios nos hizo al ordenarnos colaboradores de los obispos, y nos hizo hermanos entre nosotros; y por lo tanto que la alegría de cualquiera de nosotros sea una alegría para todos, y que el dolor de alguno de nosotros sea el dolor de todos, y que los talentos de unos sean los talentos de todos (...) Queridos hermanos, necesitamos que el pueblo de Dios tenga la experiencia de nuestra fraternidad, que la sienta con ellos. Y que nunca piense el pueblo de Dios, ni lo sienta, ni sea realidad, que existan divisiones en el presbiterio, que no hay acogimiento de los unos con los otros".

"Vivamos como imagen de aquel que es nuestro primogénito. Vivamos como aquel que es el amor y que nos asoció a su amor. Vivamos, por eso, como imagen del amor de Dios, liberador, salvador, en medio de los hombres. Unámonos a los sacerdotes del mundo y expresemos la gran alegría que tenemos por nuestra vocación y esa gratitud por que Dios se haya fijado en nuestra pequeñez. Queremos vivir en gratitud, en fidelidad y en profundo espíritu de oración y contemplación, imitando a la Santísima Virgen y viviendo como hermanos, fraternalmente", finalizó el Arzobispo.

Gaudium Press / Igor Roco

 

   

"La Piedad Popular es la expresión de este lenguaje de encuentro entre lo humano y lo divino"

Publicado 2010/06/23
Autor: Gaudium Press
Sección: América

Santiago (Miércoles, 23-06-2010, Gaudium Press) "Una sociedad crece y se desarrolla cuando es capaz, no sólo de acrecentar sus índices económicos y de bienestar material, sino sobre todo cuando valora sus raíces, descubre su identidad y vive en los grandes valores y virtudes que la forjaron": Con estas palabras inició su intervención Mons. Marco A. Órdenes Fernández, Obispo de Iquique y responsable de la Sección Piedad Popular y Santuarios del Departamento de Misión y Espiritualidad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), durante la presentación del libro "Unidos por la fe", el pasado Lunes en la casa del embajador peruano en Chile, sesión que fue presidida por los cardenales Francisco Javier Errázuriz, Arzobispo de Santiago; y Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, junto al Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Alfredo Moreno.

Para el obispo de Iquique, "la Piedad Popular es la expresión de este lenguaje de encuentro entre lo humano y lo divino. No es sólo el lenguaje del hombre hacia Dios, sino que es también el lenguaje de Dios hacia el hombre. En estas expresiones Dios se encuentra con los suyos, constituyendo estas hondas manifestaciones de la fe, una auténtica experiencia de la mística cristiana".

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Algunos de los asistentes al acto, en primera instancia Mons. Órdenes

Monseñor Órdenes también recordó a ese propósito a los presentes -entre quienes se encontraban además de autoridades eclesiásticas y civiles, reconocidos empresarios chilenos y peruanos- lo afirmado en el documento conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, habida en Aparecida en mayo del 2007: "La decisión de partir hacia el santuario ya es una confesión de fe, el caminar es un verdadero canto de esperanza y la llegada es un encuentro de amor. La mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio. También se conmueve, derramando toda la carga de dolor y de sus sueños. La súplica sincera, que fluye confiadamente, es la mejor expresión de un corazón que ha renunciado a la autosuficiencia, reconociendo que solo nada puede. Un breve instante condensa una viva experiencia espiritual" (DA, 259)

La experiencia de la fe de los sencillos

"¿Cuál es contenido simbólico de las bellas y expresivas fotografías del libro ‘unidos por la Fe'? - se preguntó en el encargado de Piedad Popular del Celam. Precisamente esto: la experiencia de la fe de los sencillos que encuentran en la peregrinación a los santuarios, y en los ejercicios de piedad cristiana, el encuentro personal y comunitario con Jesucristo. Aquí, la Piedad Popular nos ayuda a vivir una auténtica experiencia de fe, que posee un profundo sentido de trascendencia, como también una poderosa confesión de fe en medio de realidades que intentan negar su valor y su presencia."

Asimismo "este libro también nos estimula a contemplar en el conjunto de las celebraciones religiosas que presenta, el vínculo de la Fe, en pueblos que tienen vocación de hermanos", resaltando el pasado y destino común de las naciones latinoamericanas, cuando muchas de ellas conmemoran por estos días bicentenarios de sus independencias.

En las palabras del obispo de Iquique no estuvo ausente una sentida loa a la Virgen Santísima, muy querida en estas tierras, y que es motivo común de culto en las devociones de la piedad popular: "Contemplando a la Señora del cielo, vestida en sus diversos hábitos, hemos colocado a sus pies nuestros pueblos, los tributos de nuestras banderas, con la historia de sus gozos y sufrimientos. La Madre del Señor, sigue marcando el alma de nuestra identidad cristiana, saludándola con fe y con emblemas de identidad en sus santuarios de Chapi, Las Peñas, la Tirana y tantos otros lugares, donde ella es Madre, Reina y Señora. En estos oasis de encuentro, todos nos descubrimos hermanos, porque queda en evidencia que todos somos en Dios ‘hijos y hermanos' ".

Gaudium Press / S. C.

   

Amor al Sacerdocio

Palabras en la vela de oración celebrada con motivo del Jubileo de los sacerdotes (Roma, 17-5-2000). Publicado en Por Cristo, con Él y en Él (Palabra 2007) 15 de junio de 2009

Queridos hermanos en el sacerdocio:

Nos preparamos para celebrar nuestro jubileo precisamente en el día en que nuestro amadísimo Papa Juan Pablo II cumplirá ochenta años y conmemoraremos su servicio a Dios y a las almas, especialmente desde que fue llamado a la sede de Pedro. Al alzar nuestro corazón a la Trinidad Santísima en acción de gracias, deseamos hacerlo con la renovación de nuestra fidelidad personal al don y misterio que hemos recibido: don de la vocación sacerdotal que ha enriquecido nuestra vida, misterio de predilección por parte de Jesús, que ha querido llamarnos amigos suyos (cfr. Jn 15, 15).

¿Qué nos dicen los santos sobre el sacerdocio? He sido invitado a recoger aquí algunas ideas de la predicación de un santo sacerdote de nuestro siglo, el Beato Josemaría Escrivá, Fundador del Opus Dei. Me causa una alegría muy particular poder presentar este testimonio en el octavo aniversario de la beatificación de este sacerdote ejemplar, acaecida el 17 de mayo de 1992, porque —como afirma un documento pontificio— fue «luminoso ejemplo de celo para la formación sacerdotal» nota('30','3.6','3','1') 1.

Cuando en algunos sectores de la comunidad eclesial se planteaban interrogantes sobre la identidad del sacerdote, el Beato Josemaría no dudaba en escribir: «¿Cuál es la identidad del sacerdote? La de Cristo. Todos los cristianos podemos y debemos ser no ya alter Christus, sino ipse Christus: otros Cristos, ¡el mismo Cristo! Pero en el sacerdote esto se da inmediatamente, de forma sacramental (...). Por el Sacramento del Orden, el sacerdote se capacita efectivamente para prestar a Nuestro Señor la voz, las manos, todo su ser (...). En esto se fundamenta la incomparable dignidad del sacerdote. Una grandeza prestada, compatible con la poquedad mía. Yo pido a Dios Nuestro Señor que nos dé a todos los sacerdotes la gracia de realizar santamente las cosas santas, de reflejar, también en nuestra vida, las maravillas de las grandezas del Señor» nota('30','3.6','3','2') 2.

Es necesario —escribió también el Beato Josemaría— que los «sacerdotes tengan, en su alma, una disposición fundamental: gastarse por entero al servicio de sus hermanos, convencidos de que el ministerio al que han sido llamados (...) es un gran honor, pero sobre todo una grave carga» nota('30','3.6','3','3') 3. Esto es lo que el pueblo cristiano espera de los sacerdotes, como consecuencia inmediata de la identificación sacramental con Cristo. «Los fieles pretenden que se destaque claramente el carácter sacerdotal: esperan que el sacerdote rece (...), que ponga amor y devoción en la celebración de la Santa Misa, que se siente en el confesonario, que consuele a los enfermos y a los afligidos; que adoctrine con la catequesis a los niños y a los adultos, que predique la Palabra de Dios (...); que tenga consejo y caridad con los necesitados» nota('30','3.6','3','4') 4.

«La vocación sacerdotal lleva consigo la exigencia de la santidad», se lee en un apunte manuscrito del Beato Josemaría. «Esta santidad no es una santidad cualquiera, una santidad común, ni aun tan sólo eximia. Es una santidad heroica». En consecuencia, el gran enemigo para el cumplimiento de nuestra misión en la Iglesia no es la carencia de medios, ni la hostilidad del ambiente, ni aun las fragilidades personales —propias de toda criatura humana—, el enemigo sería quitar de nuestra vida la orientación sincera y decidida al ejercicio de la caridad perfecta.

Por eso, la primera ocupación del sacerdote ha de ser cultivar su trato diario con Dios, que se alimenta y desarrolla en el ejercicio del ministerio, apoyándose en la unidad de vida que hace que el presbítero sea —con expresión del Beato Josemaría— «sacerdote cien por cien». La seguridad de la identificación sacramental del ministro sagrado con Cristo llevaba al Beato Josemaría a afirmar también: «El sacerdote, si tiene verdadero espíritu sacerdotal, si es hombre de vida interior, nunca se podrá sentir solo. ¡Nadie como él podrá tener un corazón tan enamorado! Es el hombre del Amor, el representante entre los hombres del Amor hecho hombre. Vive por Jesucristo, para Jesucristo, con Jesucristo y en Jesucristo. Es una realidad divina, que me conmueve hasta las entrañas, cuando todos los días, alzando y teniendo en las manos el cáliz y la Sagrada Hostia, repito despacio, saboreándolas, estas palabras del Canon: per ipsum, et cum ipso, et in ipso... Por Él, con Él, en Él, para Él y para las almas vivo yo. De su amor y para su Amor vivo yo, a pesar de mis miserias personales. Y a pesar de esas miserias, quizás por ellas, es mi Amor un amor que cada día se renueva» nota('30','3.6','3','5') 5.

En una alocución, el Papa Juan Pablo II afirmaba: «Un sacerdote vale cuanto vale su vida eucarística, especialmente su Misa. Misa sin amor, sacerdote estéril; Misa fervorosa, sacerdote conquistador de almas» nota('30','3.6','3','6') 6. Ésta es la raíz de la fecundidad apostólica de la vida del sacerdote. En una ocasión, el Beato Josemaría nos confiaba: «Subo al altar con ansia, y más que poner las manos sobre el ara, lo abrazo con cariño y lo beso como un enamorado, que eso soy: ¡enamorado!» nota('30','3.6','3','7') 7.

Ese amor lleva al sacerdote a cultivar santas pasiones en su alma, precisamente en el ejercicio del ministerio. El Fundador del Opus Dei señalaba «dos pasiones dominantes, aparte de amar mucho la Sagrada Eucaristía y por lo tanto la Misa, de hacer una Misa que dure todo el día, de no tener prisa. Esas dos pasiones dominantes son: atender a las almas en el confesonario y predicar abundantemente la Palabra de Dios» nota('30','3.6','3','8') 8.

La predicación era para el Beato Josemaría transmisión de la Palabra de Dios contemplada y hecha vida propia: el sacerdote, cuando predica, debe hacer «su oración personal, cuajando en ruido de palabras (...) la oración de todos, ayudando a los demás a hablar con Dios (...), dando luz, moviendo los afectos, facilitando el diálogo divino» nota('30','3.6','3','9') 9. En cuanto a la administración del sacramento de la Penitencia, me limito a recordar estas palabras suyas: «sentaos en el confesonario todos los días (...), esperando allí a las almas como el pescador a los peces. Al principio quizá no venga nadie (...). Al cabo de dos meses no os dejarán vivir (...) porque vuestras manos ungidas estarán, como las de Cristo —confundidas con ellas, porque sois Cristo— diciendo: yo te absuelvo» nota('30','3.6','3','10') 10.

Tendría que hablar de muchos otros aspectos de la enseñanza del Beato Josemaría sobre los sacerdotes —desde la fraternidad sacerdotal a la unión con el propio Obispo, de la labor de catequesis al espíritu de reparación, etc.—, pero ahora es imposible. Sólo quiero referirme brevísimamente a dos puntos que me parecen fundamentales en la actualidad. Primero, la vida de oración. «La oración crea al sacerdote y el sacerdote se crea a través de la oración», ha escrito el Papa nota('30','3.6','3','11') 11. El Beato Josemaría aseguraba: «El tema de mi oración es el tema de mi vida». Su vida sacerdotal se hallaba plenamente inmersa en la Iglesia; las necesidades de las almas eran alimento cotidiano de su oración.

Por otra parte, como repetidamente insistía este santo sacerdote: «Conviene que al sacerdote se le reconozca: el pueblo cristiano necesita de signos visibles» nota('30','3.6','3','12') 12, escribía en 1956. Y explicaba: «Tenemos que mostrar que somos sacerdotes, de un modo que sea evidente para todos. Si no llevase una manifestación externa de mi sacerdocio, muchas personas que podrían acudir a mí en la calle, o en cualquier sitio, no vendrán porque no saben que soy ministro de Dios» nota('30','3.6','3','13') 13. El traje sacerdotal —concluía— «os ayudará a recordar y a hacer recordar a los demás, continuamente, que la ordenación sacerdotal, configurándoos de modo especial con Cristo Sacerdote, os ha constituido también de modo particular en alter Christus, en ipse Christus» nota('30','3.6','3','14') 14.

Si nos esforzamos por ser fieles a todas las consecuencias de nuestra vocación sacerdotal, hasta las más pequeñas, nuestra Madre la Virgen, Madre especialmente de los sacerdotes, nos hará gustar siempre, en cualquier circunstancia, el amor que nos ha sido otorgado con nuestro sacerdocio, y que nos identificará cada vez más íntimamente con Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote.

 

   

La nueva evangelización


Monseñor Kurt Koch

Por el momento, Benedicto XVI sólo ha aportado un cambio significativo a la estructura de la Curia romana al anunciar, el 28 de junio, la creación del nuevo Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, con el fin, dijo, «de promover una renovada evangelización en los países donde ya resonó el primer anuncio de la fe y están presentes Iglesias de antigua fundación», como es el caso de Occidente en general y de Europa y España en particular. Este nuevo organismo busca responder al «eclipse del sentido de Dios», encontrando «medios adecuados para volver a proponer la perenne verdad del Evangelio de Cristo». A su frente el Papa ha puesto al arzobispo italiano Salvatore Fisichella, reconocido teólogo, hasta ahora Presidente de la Academia Pontificia para la Vida y Rector de la Pontificia Universidad Lateranense, quien era también capellán de la Cámara de los Diputados de Italia, y tejedor de una red de amistades en el mundo cultural que han ayudado a intelectuales a descubrir la Iglesia, como, por ejemplo, a la escritora Oriana Fallaci.
Al ser la auténtica novedad de este pontificado en el gobierno de la Curia Romana, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización se convertirá en una de las características fundamentales del estilo de gobierno del Papa Benedicto XVI, que no busca una Iglesia replegada, sino evangelizadora, que en su misión encuentra su identidad y la capacidad para superar sus propias dificultades. Con esta decisión, al mismo tiempo, recoge estructuralmente el legado del pontificado de Juan Pablo II, quien acuñó el concepto de nueva evangelización, y evita, como habían comenzando a advertir los cardenales Angelo Scola y Josef Cordes, que ese desafío caiga en el olvido.

Monseñor Ignacio Carrasco de Paula

No es un giro hacia el activismo. El Papa no se cansa de repetir que el centro de la vida de la Iglesia, y también de la misión, es la Eucaristía. El pasado fin de semana, en su Visita apostólica a la localidad italiana de Sulmona, en la región de los Abruzzos, con motivo del Jubileo por el octavo centenario del nacimiento de san Celestino V (el Papa ermitaño que renunció cinco meses después de su elección), Benedicto XVI resaltó que, como muestra el Evangelio, «el primer imperativo es siempre el de orar al Señor de la mies. Y sólo después de esta invitación, Jesús define algunos compromisos esenciales de los discípulos: el anuncio sereno, claro y valiente del mensaje evangélico -también en los momentos de persecución-, sin ceder ni a la fascinación de la moda, ni al de la violencia o de la imposición; el desapego de la preocupación por las cosas -el dinero y el vestido-, confiando en la Providencia del Padre; la atención y cuidado en particular hacia los enfermos en el cuerpo y en el espíritu».
   

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