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Testimonios
Las “cloacas” de la Iglesia
Ya se encargaron tanto Péguy como Bernanos de recordarnos que Juana de Arco sufrió el martirio de la mano de los más prestigiosos teólogos de la Sorbona que la acusaron de hereje. No pocos mártires, hombres y mujeres que dieron su vida por no renegar de su fe católica, antes y después de Juana de Arco, fueron víctimas no de una persecución externa a la Iglesia, sino de una persecución interna. Y sin llegar al martirio son incontables los hombres y mujeres, hijos fieles de la Iglesia, que han llegado a amarla con pasión, aunque hayan sufrido en su seno la incomprensión, el rechazo, o lo que es peor, la burla y el abandono. Es más, que han llegado a amarla con autenticidad y gratuidad verdaderas, precisamente cuando la Iglesia les ha hecho sufrir. En realidad, seguramente ninguno de nosotros llegaremos a amar con pasión a la Iglesia, como un esposo ama a su esposa o una esposa a su esposo, hasta que no nos haya hecho llorar, nos haya desconcertado por la actitud de alguno o de muchos de sus hijos o de sus instituciones, nos haya hecho, como oí decir hace poco a un buen obispo, tocar con mano “las cloacas de la Iglesia”. Hace dos meses, en su reciente viaje a Portugal, dijo Benedicto XVI que los ataques que sufre la Iglesia “no sólo vienen de fuera, sino que los sufrimientos de la Iglesia proceden precisamente de dentro de la Iglesia, del pecado que hay en la Iglesia (…) que la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia”. Y esta misma semana, con ocasión de la celebración de San Pedro y San Pablo, decía el Papa que “el mayor daño que sufre la Iglesia no está fuera de ella misma, sino en la secularización interna que agosta la vida cristiana de sus miembros y de sus comunidades, debilitando su capacidad de profecía y testimonio, y empañando la belleza de su rostro”. La secularización no entra en la Iglesia sólo sofocando la fe de sus miembros, sino también confundiéndola: las divisiones en su seno debilitan su comunión y contradicen la fe en la unidad de Dios; el relativismo moral favorece la esquizofrenia vital de no pocos cristianos, que se rigen con criterios humanos y morales diferentes en la comunidad cristiana y en la familia que en el trabajo o en los círculos de amistad, confundiendo así la fe en la unidad de vida de la propuesta cristiana, capaz de penetrar e iluminar hasta el último rincón de la realidad humana y social. Y en general, cuando personas e instituciones de Iglesia reniegan de la transparencia y sencillez del evangelio, para adentrarse en los cálculos del poder, para quines el fin justifica los medios, antes que el anti-testimonio aparecen su infecundidad, porque ya no cuentan con el auxilio de la providencia divina, sino que quedan arrojados a la suerte del sin-Dios de sus planes.![]()
Mí sacerdocio, el mundo digital, y Crónica Blanca
Desde hace 44 años todos los 24 de enero, con ocasión de la Festividad de San Francisco de Sales, patrono de los comunicadores, el Santo Padre adelanta su mensaje de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, a celebrar en el domingo de la Ascensión del Señor, cuando manda a sus discípulos “id por el mundo entero y predicar el Evangelio a toda criatura” (Mc. 16, 15). Este mandato misionero es suficientemente elocuente para entender la estrecha unidad entre comunión eclesial, misión evangelizadora, y comunicación social, clave en el mensaje de Benedicto XVI de la jornada de este año, el de “el sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra”, en plena celebración de un Año Sacerdotal.
A modo de resumen, éste podría ser el decálogo del sacerdote en el mundo digital:
1. Ver en los medios audiovisuales (foto, vídeo, animaciones, blogs, sitios web) ocasiones inéditas de diálogo e instrumentos útiles para la evangelización y la catequesis.
2. En constante fidelidad al mensaje del Evangelio, ser animadores de comunidades que se expresan cada vez más a través de las muchas voces surgidas en ese mundo digital.
3. Trasparentar, más que la mano de un simple usuario de los medios, su corazón de consagrado que da alma no sólo al compromiso pastoral que le es propio, sino al continuo flujo comunicativo de la “red”.
4. Mostrar a las personas de nuestro tiempo y a la humanidad desorientada de hoy que “Dios está cerca; que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente”
5. Allanar el camino a nuevos encuentros, asegurando siempre la calidad del contacto humano y la atención a las personas y a sus auténticas necesidades espirituales.
6. Ofrecer a quienes viven éste nuestro tiempo “digital” los signos necesarios para reconocer al Señor; darles la oportunidad de educarse para la espera y la esperanza, y de acercarse a la Palabra de Dios que salva y favorece el desarrollo humano integral.
7. Afirmar el derecho de ciudadanía de Dios en cada época, para que Él pueda avanzar a través de las nuevas formas de comunicación por las calles de las ciudades y detenerse ante los umbrales de las casas y de los corazones y decir de nuevo: “Estoy a la puerta llamando. Si alguien oye y me abre, entraré y cenaremos juntos” (Ap 3, 20).
8. Tener en cuenta a quienes no creen y desconfían, pero que llevan en el corazón los deseos de absoluto y de verdades perennes.
9. Valorar la dimensión universal de la Iglesia para una comunión amplia y concreta, en un campo pastoral como éste que no tiene fronteras.
10. Ser apasionados anunciadores de la Buena Noticia, también en la nueva ágora que han dado a luz los nuevos medios de comunicación.
Cuando hace 17 años, yo empecé a estudiar y a dedicarme al periodismo, empujado por dos buenos amigos que hoy son los arzobispos de Granada y de Pamplona, no sabía que la comunicación social iba a marcar tanto mi vocación y mi vida sacerdotal. Tampoco recuerdo haberme planteado, ni entonces ni nunca, hasta que punto los medios de comunicación eran instrumentos privilegiados, como ahora nos enseña el Papa, para la vida de la comunión y de la misión de los sacerdotes. Sólo sé que obedecí con entusiasta adhesión a lo que se me pedía y que, pasados tantos años, ya no me entendería fácilmente sin este mundo de la comunicación aunque un día tuviese que dejarlo. Aunque he dedicado tantos esfuerzos a ello, siempre se me quedó corta la idea de que debía usar los medios para evangelizar, y entendí el porqué cuando Juan Pablo II dijo que además de evangelizar a través de los medios, debíamos evangelizar el mundo y la cultura de los medios.
Cuanto más sacerdote he sido para los comunicadores, sobre todo para los jóvenes comunicadores a través de ese gran regalo de Dios que ha sido para mí la experiencia de Crónica Blanca, más seguro estoy de que ni siquiera este mundo tan complejo de la comunicación, con tantas espadas en alto, aflicciones y angustias, podrá jamás separarme del amor de Cristo. Porque la experiencia de la comunión vivida en esta frontera concreta de la vida de la Iglesia, con los pastores y los laicos que me acompañan, me ha enseñado que el verdadero sacerdocio, como el verdadero periodismo, requiere ser antes que hacer, humildad antes que empeño, servir antes que propagar, sembrar antes que recoger, e incluso, aunque parezca paradójico, acoger y compartir la presencia de Cristo, antes que proclamarlo por las azoteas, porque, a la postre, y sobre todo a través de los medios, sólo puede llegar al corazón de los hombres la palabra probada en el crisol de la vida.
Manuel María Bru Alonso
Benedicto XVI: sacerdocio «para transformar el mundo con el amor de Dios»
«Transformar el mundo con el amor de Dios»: es la obra del sacerdocio de Cristo, que la Iglesia ha heredado y prolonga en la historia en el sacerdocio común de los bautizados y de los ministros ordenados. Clave del Papa en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y la Sangre de Cristo, indicando, en la Eucaristía, «la presencia de nuestro Maestro Señor», «Víctima y Sacerdote, salvación del mundo».

Benedicto XVI acaba de celebrar la santa misa en la basílica de san Juan de Letrán –el tiempo inestable impide el rito en el atrio, como estaba previsto- en la solemnidad del Corpus Domini. Es la fiesta de la Santísima Eucaristía para las Iglesias que siguen el calendario juliano.
A pocos días de la clausura del Año sacerdotal, el Papa ha centrado su homilía en la relación entre la Eucaristía y el sacerdocio de Cristo, quien, en la Última Cena, «transforma el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre para que los discípulos puedan alimentarse de Él y vivir en comunión íntima y real con Él».
Pero Jesús –que «no era un sacerdote según la tradición judaica»- «tomó distancia de una concepción ritual de la religión, criticando el planteamiento que daba valor a los preceptos humanos ligados a la pureza ritual más que a la observancia de los mandamientos de Dios, o sea, el amor de Dios y el prójimo, que ‘vale más que todos los holocaustos y sacrificios’».
«No es un sacerdocio según el ordenamiento de la ley mosaica», sino que «depende sólo de su singular relación con Dios». Jesús «no era sacerdote según la Ley, sino que se hizo tal de forma existencial en su Pascua de Pasión, muerte y resurrección –subrayó Benedicto XVI-: sufrió Él mismo en expiación y el Padre, exaltándolo sobre toda criatura, le constituyó Mediador universal de salvación».
En este punto se detuvo en particular el Papa, subrayando que «el sacerdocio de Cristo comporta el sufrimiento», pues Jesús «en verdad sufrió y lo hizo por nosotros». «Él era el Hijo y no tenía necesidad de aprender la obediencia a Dios, pero nosotros sí, lo necesitábamos y lo necesitamos siempre. Por ello el Hijo asumió nuestra humanidad y por nosotros se dejó “educar” en el crisol del sufrimiento, y se dejó transformar por él, como el grano que para dar fruto debe morir en la tierra».
Y es que Jesús afronta su pasión «inmerso en una profunda oración, que consiste en la unión de su propia voluntad con la del Padre»; «esta doble y única voluntad es una voluntad de amor». «Vivida en esta oración, la trágica prueba que Jesús afronta se transforma en oferta, en sacrificio vivo», profundizó el Papa. Y Jesús «fue escuchado» «por su pleno abandono a la voluntad del Padre: el proyecto de amor de Dios pudo realizarse perfectamente en Jesús, quien, habiendo obedecido hasta el extremo de la muerte en la cruz, se convirtió en “causa de salvación” para todos los que le obedecen a Él».
Jesús se ha convertido en sumo Sacerdote «por haber, Él mismo, cargado con todo el pecado del mundo», y el Padre «le confirió este sacerdocio en el momento mismo en el que Jesús atraviesa el paso de su muerte y resurrección», insistió Benedicto XVI.
Y regresó a su meditación sobre la Eucaristía, en la que «Jesús anticipó su Sacrificio, un Sacrificio no ritual, sino personal», actuando en la Última Cena «movido por el espíritu santo con el que se ofrecerá después en la Cruz».
«Es el amor divino el que transforma: el amor con el que Jesús acepta entregarse del todo por nosotros», amor que «no es otra cosa que el Espíritu Santo, el Espíritu del Padre y del Hijo, que consagra el pan y el vino y muta sus sustancia en el Cuerpo y la Sangre del Señor, haciendo presente en el Sacramento el mismo Sacrificio que se realiza después de modo cruento en la Cruz».
Así, «Cristo fue sacerdote verdadero y eficaz porque estaba lleno de la fuerza del Espíritu Santo –subrayó el Papa-, estaba colmado de toda la plenitud del amor de Dios, y esto precisamente en la noche en que fue traicionado, precisamente en la hora de las tinieblas».
«Es esta fuerza divina la misma que realizó la Encarnación del Verbo, para transformar la extrema violencia y la extrema injusticia en acto supremo de amor y de justicia. Es ésta la obra del sacerdocio de Cristo, que la Iglesia ha heredado y prolonga en la historia, en la doble forma del sacerdocio común de los bautizados y del ordenado de los ministros, para transformar el mundo con el amor de Dios», y «todos, sacerdotes y fieles, nos alimentamos de la misma Eucaristía, todo nos postramos para adorarla, porque en ella está presente nuestro Maestro y Señor, está presente el verdadero Cuerpo de Jesús, Víctima y Sacerdote, salvación del mundo», concluyó.
Y es cuando ha realizado a continuación Benedicto XVI, con prolongados momentos de adoración eucarística hasta concluir con la bendición con el Santísimo en la basílica lateranense –colmada de fieles-, pues el mal tiempo en Roma ha impedido la tradicional procesión que después de la misa, con el Sacramento, habría llegado por la vía Merulana hasta la basílica de Santa María la Mayor.
El sacerdote según el Sacerdocio de Jesucristo
Aprovechando la reciente clausura del Año Sacerdotal, Jesús de las Heras Muela, sacerdote y colaborador de la cadena COPE, reflexiona sobre la inmersión del presbítero, que actúa "In Persona Christi".
¡Alegre la mañana, amigos y amigas de la Cope! Hoy es jueves, día sacerdotal y vocacional. Todavía recientes la celebración y clausura del Año Sacerdotal, os ofrezco esta mañana una meditación sobre el sacerdocio a la luz de la figura de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote y al hilo de la liturgia de la misa de esta fiesta.
La gloria de Dios y la salvación género humano son las razones del sacerdocio, del único sacerdocio de Jesucristo y del sacerdocio ministerial, concedido a quienes El eligió. Jesucristo fue constituido por Dios Padre sumo y eterno sacerdote, Pontífice (puente) de la Alianza nueva y eterna. Y perpetuar en la Iglesia el único sacerdocio de Jesucristo es voluntad salvífica de Dios. Para ello Jesucristo elige a hombres de este pueblo santo de Dios para que, consagrados por El y por la unción del Espíritu, participen, por la imposición de manos, en su sagrada misión.
Los sacerdotes son, de este modo, son ministros y dispensadores del sus misterios. Los sacerdotes, renuevan en nombre de Cristo el sacrificio de la redención y preparan a los hijos de Dios al banquete pascual, donde se reúnen en su amor, se alimentan con su palabra y se fortalecen con sus sacramentos (la triple misión o “munus” sacerdotal: las funciones de pastoreo, de magisterio y de santificación). Los sacerdotes han de entregar su vida por Dios y por la salvación de los hombres, de modo que esta entrega los configura más a Jesucristo, con quien comparten la identidad y la dignidad sacras de su único sacerdocio.
El ejercicio, pues, del ministerio sacerdotal es fuente de santificación para el sacerdocio en complementariedad y desarrollo con su consagración y ordenación, que los hace, por la unción de los santos óleos, la imposición de las manos y las palabras y oraciones consagratorias, “pertenencia”, sacramento, prolongación de Jesucristo. Como ya se escribió en la tradición, “Sacerdos, alter Christus”.
Los sacerdotes, desde, con y por Jesucristo Mediador, Víctima y Ofrenda, han de ser también ofrenda agradable a los ojos de Dios, haciendo de sus vidas inmolación, sacrificio y entrega en imitación y a ejemplo de Jesucristo y a favor del pueblo santo que les ha sido confiado. La clave de la identidad, vida y ministerio de los sacerdotes es la fidelidad a la gracia recibida en el cumplimiento del ministerio confiado. Los sacerdotes, por ello, están llamados a dar testimonio constante de fidelidad y de amor a Jesucristo y a la misión encomendada. Buenos días.
Cardenal Rouco: "El secreto para acercar a los jóvenes a la fe es la amistad"
La Cruz de la JMJ recorre las universidades madrileñas antes de despedirse de la ciudad de Madrid. Los universitarios plantean sus problemas ante una sociedad secularizada en la que se encuentran con compañeros alejados de la fe o abiertamente hostiles hacia la Iglesia.

El Emmo. y Excmo. Sr. D. Antonio María Rouco Varela, cardenal arzobispo de Madrid
¿Cómo acercar a vuestros compañeros alejados de la fe? “A través de la amistad”, este es el secreto que el cardenal Rouco Varela compartió con los universitarios con los que se reunió en la catedral de La Almudena. “Hay que ofrecerles amistad desinteresada, lo que implica un interés por todo lo que les pasa”, resumió el cardenal Rouco. De la propia amistad surge el interés por la otra persona. “Ahí es donde se engancha, hay que empezar a hablar de Dios de una manera sencilla, natural y sincera”, añadió el cardenal.
El pasado 19 de marzo el cardenal Rouco se encontró con un grupo de universitarios con los que trató los problemas con los que se encuentran en su día a día: indiferencia religiosa y hostilidad hacia la Iglesia.
Los universitarios compartieron con el cardenal los prejuicios con los que se encuentran al hablar de Dios a sus compañeros. El cardenal Rouco retó a los jóvenes a trabajar en “un buen discurso intelectual”. La formación en los universitarios católicos es un aspecto fundamental debido a que “el trabajo de la universidad es eminentemente intelectual y hay que acercarse a los jóvenes de la misma manera, con un discurso racional”, resumió el cardenal.
Rouco Varela incidió en la idea de que los jóvenes deben ser amigos de sus amigos, al margen de si están más o menos distanciados de Dios: “Los verdaderos amigos están disponibles, sobre todo, en los momentos de dificultad”, para añadir que “hay que hablarles del amor como una experiencia verdadera, algo que se ha vivido y que se ofrece a los demás”.
Para romper la barrera de los prejuicios de sus compañeros Rouco Varela aconsejó a los
jóvenes allí reunidos a “ser objetivos y rigurosos con los hechos, explicando qué es la Iglesia” para romper las medias verdades y las falsedades que, en ocasiones, rodean a la Iglesia. Pero también se necesita la fe: “Es un don que hemos de pedir a Dios, pero siempre viene acompañado de un hambre que busca la verdad con el esfuerzo de la inteligencia”, añadió el cardenal.
La Cruz y el Icono de la JMJ comenzaron a recorrer los distintos campus de las universidades madrileñas el pasado 15 de marzo. Después de pasar por la Universidad Complutense de Madrid y el CEU-San Pablo, el 19 de marzo se celebró una Misa en la catedral especialmente dedicada a los universitarios. Villanueva, Francisco de Vitoria y Comillas serán las próximas etapas de este recorrido universitario, que se cerrará el próximo jueves 25 de marzo. Apenas una semana más tarde la Cruz y el Icono de la Virgen comenzarán su recorrido por las demás diócesis españolas tras el Via Crucis que presidirá el próximo 31 de marzo -Miércoles Santo- frente a la catedral de La Almudena.
El cardenal también se refirió a la próxima celebración de la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid: “Es una extraordinaria oportunidad de dar testimonio de la fe, tanto en la preparación de estos meses como en la celebración de la JMJ el año que viene”. Pero, ¿qué es una JMJ?, ¿cómo explicarla?: “Es un testimonio de la Iglesia al mundo por Cristo”, resumió el cardenal.
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