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El Prelado peregrina a Ars

Con motivo del año sacerdotal, monseñor Javier Echevarría ha peregrinado a Ars, localidad en la que vivió San Juan Maria Vianney, patrono de los sacerdotes.

08 de marzo de 2010


Opus Dei - Con Mons.    de Rochebrune, vicario del Opus Dei en Francia.
Con Mons. de Rochebrune, vicario del Opus Dei en Francia.

Con ocasión del 150 aniversario del fallecimiento de san Juan María Vianney, el cura de Ars, Benedicto XVI proclamó un Año Sacerdotal, que finalizará el próximo 19 de junio, y que se celebra bajo el lema "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote".

En continuidad con las cinco peregrinaciones que realizó con San Josemaría y don Álvaro del Portillo, el Prelado del Opus Dei ha acudido a Ars los pasados días 5 y 6 de marzo para rezar ante la tumba del patrono de los sacerdotes.

Nada más llegar a Ars, el 5 a primera hora de la tarde, Mons. Echevarría rezó pausadamente ante la tumba del santo Vianney, acompañado por Mons. Fernando Ocariz, Vicario general del Opus Dei, y Mons. Antoine de Rochebrune, vicario del Opus Dei en Francia.

Opus Dei - Ante la    tumba del Santo Cura de Ars.
Ante la tumba del Santo Cura de Ars.

El Prelado encendió tres velas votivas en la capilla, encomendando al santo las intenciones de la Iglesia y de las personas del Opus Dei. A continuación, viajó a Lyon donde visitó al Cardenal Philippe Barbarin en la catedral de Saint Jean.

Camino de la residencia universitaria Salvagny, donde se alojó durante su estancia en Lyon, hizo una breve visita a la Iglesia des Cordeliers (San Buenaventura), donde san Josemaría celebró la Misa siempre que pasaba por esta ciudad.

Opus Dei -    Iglesia de Fourvière, en Lyon
Iglesia de Fourvière, en Lyon

El domingo, antes de volver a Ars, el Prelado celebró una tertulia con fieles de la Obra y amigos de Lyon, Grenoble y Clermont-Ferrand. En el encuentro, les ha invitado a imitar el amor a la Eucaristía y a la confesión que tenía el Cura de Ars, devociones que compartía san Josemaría Escrivá.

De hecho, el Fundador de la Obra escogió al cura de Ars para ser uno de los intercesores del Opus Dei, es decir, santos a los que los fieles de la Prelatura encomiendan de modo especial algún aspecto de sus vidas.

Asimismo, les ha animado a ser testigos de Cristo en su entorno, sabiendo aprovechar todas las oportunidades que se les presenten en la vida profesional y en la familia para ayudar a la Iglesia en su misión evangelizadora.

El sábado día 6, el Prelado regresó a Ars, donde rezó durante un tiempo prolongado ante el Santísimo Sacramento, expuesto en la Capilla de la Providencia.

También visitó la casa del Cura de Ars y compartió unos momentos de charla con un grupo de sacerdotes y seminaristas de la diócesis de Colonia (Alemania), que iban acompañados por su vicario general y el rector del seminario.

Opus Dei - Recuerdos    y reliquias del Santo Cura en su casa de Ars.
Recuerdos y reliquias del Santo Cura en su casa de Ars.

Al regresar de nuevo a Lyon, quiso rezar la Salve en la basílica de Notre Dame de Fourvière. Antes de concluir su viaje, ya en el aeropuerto Saint-Exupéry de la ciudad francesa, Mons. Echevarrría dijo: "A pesar de nuestra pequeñez y de las dificultades que podamos encontrar, si somos conscientes de que Dios está junto a nosotros de continuo, seremos capaces de obtener, con Él, numerosos frutos para la Iglesia y para este maravilloso país".
 

Congreso teológico sobre la fidelidad de Cristo y del sacerdote

Roma (Italia), 25 Feb. 10 (AICA)
Año Sacerdotal

Año Sacerdotal

Los días 11 y 12 de marzo se realizará en Roma el congreso teológico “Fidelidad de Cristo, Fidelidad del Sacerdote”, organizado por la Congregación para el Clero y su sede será la Pontificia Universidad Lateranense. Al congreso están invitados a participar principalmente los obispos presidentes de las Comisiones para el Clero, todos los obispos que tengan una particular solicitud por sus presbíteros, los supremos moderadores de los institutos y de las asociaciones clericales, los formadores del clero y los mismos sacerdotes, primeros y principales responsables de la propia formación permanente.

La apertura del congreso teológico estará a cargo de los cardenales Zenon Grocholewski y Claudio Hummes, respectivamente prefectos de las Congregaciones para la Educación Católica y para el Clero, y en el encuentro se discutirá sobre la cristología e identidad sacerdotal, los sacerdotes y la cultura contemporánea, y se profundizará en “el ser y la función” del ministerio ordenado, especialmente en lo referente a la misión y sus presupuestos pastorales y jurídicos. Otros temas que abordará el congreso serán el sacerdocio y la liturgia, y el celibato sacerdotal.

Las inscripciones están abiertas y los sacerdotes y obispos interesados pueden llamar a la Congregación para el Clero o visitar su página web donde están la programación y el formulario de inscripción.

Junto con la ficha de inscripción, los sacerdotes y los seminaristas también deben enviar una carta de presentación de su Ordinario o Superior religioso o, si son estudiantes en Roma, el Canciller del Colegio en el cual están alojados.

Al mediodía del día 12 los participantes serán recibidos en una audiencia especial por el Santo Padre Benedicto XVI.

En el Congreso habrá servicio de traducción simultánea.+
   

“Nadie es sacerdote a título propio, sino que participa del sacerdocio de Cristo”

Con motivo del año sacerdotal convocado por Benedicto XVI, el profesor Francisco Varo, Doctor en Filología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca, en Teología por la Universidad de Navarra y experto en Sagrada Escritura, responde acerca del origen del sacerdocio cristiano:

- ¿CÓMO SE EXPLICA QUE JESÚS NUNCA SE REFIRIERA A SÍ MISMO COMO “SACERDOTE”?

- El sacerdote es, ante todo, un mediador entre Dios y los hombres. Alguien que hace presente a Dios entre las personas, y a la vez, alguien que presenta ante Dios las necesidades de todos e intercede por ellos. Jesús, que es Dios y hombre verdadero, es el más auténtico sacerdote.

Sin embargo, conociendo los derroteros que había tomado el sacerdocio israelita en su época, limitado a la realización de unas ceremonias en las que se sacrificaban unos animales en el Templo, pero con el corazón más atento de ordinario a las intrigas políticas y al afán de poder personal, no sorprende que Jesús nunca se presentara como sacerdote. El suyo no era un sacerdocio como el que se veía en los sacerdotes del Templo de Jerusalén. Además, a sus contemporáneos parecía evidente que no lo era, ya que según la Ley el sacerdocio estaba reservado a los miembros de la tribu de Leví y Jesús era de la tribu de Judá.

Su figura era mucho más próxima a la de los antiguos profetas, que predicaban la fidelidad a Dios (y en algunos casos como Elías y Eliseo realizaron milagros), o sobre todo, de la figura de los maestros itinerantes que iban por ciudades y aldeas rodeados con un grupo de discípulos a los que enseñaban y a cuyas sesiones de instrucción permitían acercarse a la gente. De hecho, los Evangelios reflejan que cuando la gente hablaba a Jesús se dirigían a él llamándolo “Rabbí” o “Maestro”.

- PERO JESÚS, ¿REALIZÓ TAREAS PROPIAMENTE SACERDOTALES?

- Desde luego. Es propio del sacerdote acercar Dios a la gente, y a la vez ofrecer sacrificios a favor de los hombres. La cercanía de Jesús a la humanidad necesitada de salvación y su intercesión para que pudiésemos alcanzar la misericordia de Dios, culmina en el sacrificio de la Cruz.

Precisamente ahí surge un nuevo choque con la práctica del sacerdocio propia de aquel momento. La crucifixión no podía ser considerada por aquellos hombres como una ofrenda sacerdotal, sino todo lo contrario. Lo esencial del sacrificio no eran los sufrimientos de la víctima, ni su propia muerte, sino la realización de un rito en las condiciones establecidas, en el Templo de Jerusalén. La muerte de Jesús se presentaba ante sus ojos de un modo muy distinto: como la ejecución de un condenado a muerte, realizada fuera de los muros de Jerusalén, y que en vez de atraer la benevolencia divina se consideraba –sacando de contexto un texto del Deuteronomio (Dt 21,23)- que era objeto de maldición.

Una interpretación precipitada, que sólo atendiese a los factores externos que caracterizaban la institución sacerdotal, podría concluir que el acontecimiento del Gólgota hacía aún mayor la distancia entre Jesús y el sacerdocio.
- ¿SE EMPEZÓ A HABLAR DE “SACERDOTES” YA DESDE LOS COMIENZOS DE LA IGLESIA?

- En los momentos que siguieron a la Resurrección y Ascensión de Jesús a los cielos, tras la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, los Apóstoles comenzaron a predicar, y con el paso del tiempo fueron asociando colaboradores a su tarea. Pero si el mismo Jesucristo no se había designado nunca como sacerdote, era lógico que tal denominación ni se les ocurriera utilizarla a sus discípulos para hablar de sí mismos en esos primeros momentos.

De hecho, las tareas que realizaban tenían poco que ver con las que los sacerdotes judíos desempeñaban en el Templo. Por eso utilizaron otros nombres que designaran más descriptivamente sus funciones en las primeras comunidades cristianas: apóstolos que significa “enviado”, epíscopos que significa “inspector”, presbýteros “anciano” o diákonos “servidor, ayudante”, entre otros.

No obstante, al reflexionar y explicar las tareas de esos “ministros” que son los Apóstoles o que ellos mismos fueron instituyendo, se percibe que se trata de funciones realmente sacerdotales, aunque tienen un sentido diverso de lo que había sido característico del sacerdocio israelita.

- ¿CUÁL ES ESE “SENTIDO NUEVO” DEL SACERDOCIO CRISTIANO?

- Ese “sentido nuevo” se puede apreciar ya, por ejemplo, cuando San Pablo habla de sus propias tareas al servicio de la Iglesia. En sus cartas, para describir su ministerio emplea un vocabulario que es claramente sacerdotal, pero que no se refiere a un sacerdocio con personalidad propia, sino a una participación del Sumo Sacerdocio de Cristo Jesús.

En este sentido, San Pablo no pretende asemejarse a los sacerdotes de la Antigua Alianza, pues su tarea no consiste en quemar sobre el fuego del altar el cadáver de un animal para sustraerlo —“santificándolo” en su sentido ritual— de este mundo, sino en “santificar” —en otro sentido, ayudándoles a alcanzar la “perfección” al introducirlos en el ámbito de Dios— a unos hombres vivos con el fuego del Espíritu Santo, prendido en sus corazones mediante la predicación del Evangelio.

Del mismo modo, cuando escribe a los Corintios, San Pablo hace notar que ha perdonado los pecados no en su nombre, sino in persona Christi (cf. 2 Co 2,10). No se trata de una simple representación ni de una actuación “en lugar de” Jesús, pues el mismo Cristo es quien actúa con sus ministros y mediante ellos.

Se puede afirmar, por tanto, que en la primitiva Iglesia hay ministros cuyo ministerio tiene un carácter verdaderamente sacerdotal, que desempeñan diversas tareas al servicio de las comunidades cristianas, pero con un elemento común decisivo: ninguno de ellos son “sacerdotes” a título propio —ni por tanto gozan de autonomía para desempeñar un “sacerdocio” a su aire, con su sello personal—, sino que participan del sacerdocio de Cristo.

   

Finalizan los ejercicios espirituales del Papa y de la Curia

Finalizaron el sábado por la mañana los ejercicios espirituales del Papa y la Curia Romana que habían comenzado la tarde del domingo 21 con la exposición eucarística y la celebración de las Vísperas. Los ejercicios espirituales, de preparación a la Pascua, han tenido lugar toda la semana, mañana y tarde, con la participación de Benedicto XVI y se han desarrollado en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico. Durante la semana se suspendieron todas las audiencias pontificias, incluida la general del miércoles. Las meditaciones han estado a cargo de don Enrico dal Covolo, salesiano, con el agradecimiento del Papa y se han centrado en el tema: Lecciones de Dios y de la Iglesia sobre la vocación sacerdotal.

   

El gran ideal: Jesús crucificado

Año Sacerdotal 19.06.2009 - 11.06.2010

Pensamiento del día

 

26 de Febrero

El gran ideal del alma del sacerdote debe ser Jesús Crucificado, y su única aspiración sobre la tierra debe ser imitarlo, asemejarse a Él interiormente y exteriormente.

Jesús crucificado: su libro, su meditación, su ejemplo, su ideal y su amor, porque no hay nada como la locura de la Cruz (...) que estimule el amor divino en el alma.

Este es el precioso talismán del sacerdote santo: Jesús clavado en la Cruz, crucificado en el altar, sobre todo crucificado en su Corazón, con dolores incomprensibles, místicos pero reales.

Conchita Cabrera De Armida

Sacerdoti di Cristo

Città Nuova, Roma 2008, p 369

   

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