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Seminaristas se formaron en la dimensión misionera
| Mercedes (Buenos Aires), 15 Jun. 10 (AICA) | ||
Unos 70 seminaristas participaron los días 2, 3 y 4 de junio del Taller de Formación Misionera que dictaron, en el Seminario Mayor “Santo Cura de Ars”, de la ciudad bonaerense de Mercedes, el presbítero Osvaldo Leone, director nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP); la hermana Marcela Davies, secretaria nacional de la Infancia y Adolescencia Misionera (IAM), y la hermana Mariel Robledo HSJ, secretaria nacional de la Obra de la Propagación de la Fe.
Los futuros sacerdotes pertenecían a las arquidiócesis de Bahía Blanca y de Mercedes-Luján, y a las diócesis de Azul, Nueve de Julio, Chascomús, San Justo y Santa Rosa, y también al Obispado Castrense. Las OMP ofrecieron este servicio con apoyo del rector del Seminario, presbítero Darío Kling y de la comunidad de formadores integrada por los sacerdotes Norberto Chirigliano, Pablo Rissola y Pablo Vallés. El taller tuvo como objetivos “dar a conocer a los seminaristas cada una de las Obras Misionales Pontificias y el servicio de animación y formación misionera que ofrecen en colaboración con las pastorales de cada una de las diócesis”, y “aportar a la formación de los seminaristas la dimensión misionera de la propia vocación al servicio del Pueblo de Dios”. En la evaluación final unos y otros manifestaron su agradecimiento por este importante aporte de las OMP a la formación misionera de los seminaristas. Asimismo, el presbítero Leone y las hermanas Davies y Robledo, destacaron la apertura y generosidad con que fueron recibidos tanto por el rector como por los formadores. También recalcaron la alegría, trabajo y profundidad de los seminaristas durante todo el transcurso del taller. Informes: Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla .+ |
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Diáconos correntinos: ordenaciones y jubileo
El Papa saludó a Mons. Maulión por sus bodas de oro sacerdotales
| Paraná (Entre Ríos), 15 Jun. 10 (AICA) | ||
El papa Benedicto XVI destacó “la gestión” y felicitó a monseñor Mario Luis Bautista Maulión, al saludarlo en forma epistolar por las bodas de oro sacerdotales del prelado argentino.
“Son muchas las obras y los méritos de fe católica que se conocen de tu persona y que se han valorado convenientemente. Nosotros no queremos que ellas queden en el olvido: queremos alzar nuestra voz y añadir alabanzas a tu currículo sacerdotal que alcanzó ese largo período de cincuenta años”, subrayó. Tras recordar su paso como obispo auxiliar por Rosario y su tarea pastoral como obispo de San Nicolás de los Arroyos y arzobispo de Paraná, sostuvo que es “grato honrarte al reconocerte como humano, firme, instruido y dócil al Magisterio de la Iglesia”. “Que quede claro que Nosotros, de acuerdo a una conveniente evaluación, queremos destacar tu gestión. En ocasión de esta fausta celebración, queremos felicitarte junto con la comunidad eclesial”, indicó. El Papa pidió al Divino Pastor que “sea para ti un remunerador generoso y que también sea Consolador de tu espíritu”, e impartió la bendición apostólica para él y la hizo extensiva “al obispo auxiliar, a los sacerdotes, a los consagrados y a toda la familia de los fieles cristianos”. Misa jubilar Monseñor Maulión presidió el pasado sábado 12 de junio una misa por su jubileo sacerdotal en la catedral de Paraná, donde dio gracias por lo que “el Señor hizo y está haciendo en mí”, pidió perdón a su Misericordia por “las deficiencias y las fallas que cometí y por no haber hecho lo que el mismo Señor y la Iglesia esperaban de mí en el servicio a Él y a los hermanos”, y rogó “fuerzas y luz para hacer sólida y acrecentar la fidelidad a Él en el servicio a su Iglesia”. “Siento en estos momentos la alegría de pertenecer a la Iglesia de Jesús. En ella nací, crecí, me desarrollé y estoy viviendo. Es la Iglesia que me hizo nacer a la vida cristiana, que me formó, me educó, me cuidó. Es esta Iglesia con rostros muy cercanos ý bien definidos para mí: esa iglesia doméstica: mis padres, mis abuelos, mis hermanos, mis familiares. Es la Iglesia de mi parroquia y de las sucesivas comunidades de las que formé parte, con esos obispos, sacerdotes, fieles, siempre concretos y cercanos. Es la Iglesia de los papas Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablos VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI”, recordó. Monseñor Maulión sostuvo que “siento que el Señor en esta Iglesia me llamó, me hizo y me hace vivir. Es la Iglesia que me siento impulsado a querer, a servirla, a desarrollar el delicado servicio de ser pastor, antes como presbítero y ahora como obispo. Es decir trabajar para hacerla como el Señor quiso y quiere hacerla: unida a Él y enviada por Él al mundo, a anunciar y a acercar al hombre al amor de Jesús, de acercar a Jesús a cada hombre, a todo hombre. A realizar este servicio dando su Palabra, la de Él, viviendo y enseñando a vivir como Jesús, en medio de los errores, equivocaciones, enfrentamientos, distintas limitaciones y oscuridades como suele ser nuestra vida humana y social. Y siempre con el estilo de Jesús: amando, uniendo”.+ |
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Osma - Soria: Crónica peregrinación Ars
Con motivo de este Año Sacerdotal -y con alegría renovada- hemos finalizado nuestra peregrinación sacerdotal a Ars. Es difícil resumir los sentimientos y vivencias que ha suscitado en nosotros; pero sirva esta pequeña crónica como testimonio de estos días inolvidables.

El día 21 de Septiembre a las seis de la mañana salíamos desde Soria, en autobús, dirección a Lourdes; donde todos pudimos sentir más cercana la presencia de María en nuestras vidas, al poder celebrar la Eucaristía en su Basílica y participar en la procesión de la luz, uniendo así nuestra oración sacerdotal a la de multitud de peregrinos y enfermos congregados ese día en torno a la Virgen.
Al día siguiente, 22 de septiembre, tras la celebración de la Eucaristía en la gruta de las Apariciones, partíamos desde Lourdes a Ars. A pesar de los muchos kilómetros tuvimos un viaje feliz en el que, unidos a nuestro Obispo, pudimos compartir la oración, el amor fraterno, el diálogo y el alimento y también la alegría y el gozo de nuestro sacerdocio.
La parada en Carcassonne motivó todavía más nuestro “ser” y “sentir” sacerdotal y eclesial, pues visitamos la ciudad a la que Santo Domingo de Guzmán tanto quiso y convirtió con su predicación. En su Iglesia-Basílica queda reflejado en una placa el testimonio del carisma de Santo Domingo.
Llegados a Ars -y una vez alojados en la Maisson de Saint Jean- nuestra primera visita fue su Basílica; en ella, ante el sagrario y la urna-relicario del Santo Cura de Ars, dimos gracias a Dios y suplicamos la gracia y la ayuda del Señor para poder ser -como Juan María Vianney- sacerdotes fieles y pastores santos en el mundo y en la Iglesia.
El día 23, miércoles, fue para nosotros un día de retiro y oración. Tras el rezo de Laudes, nuestro Señor Obispo nos dirigió una bonita reflexión sobre la grandeza y la hermosura del sacerdocio ministerial; luego tuvimos la celebración penitencial y pudimos también celebrar la Eucaristía en la Capilla donde se halla la urna-relicario de San Juan María Vianney. Ante su cuerpo incorrupto hicimos la renovación de nuestro compromiso sacerdotal con la misión que el Señor nos ha encomendado. ¡Fue, desde luego, todo un regalo del Señor poder sentir este día su amor infinito y su perdón, poder orar con paz por todos y poder alcanzar la gracia jubilar!
De mañana, el día 24, empezaba nuestro regreso con destino a Gerona. Comenzamos el día felicitando todos con inmensa alegría a nuestro Sr. Obispo en el día de su cumpleaños. Enseguida tuvimos la celebración de la Eucaristía en el Altar mayor de la Basílica de Ars. ¡Entre las muchas plegarias, allí quedó nuestra oración más ferviente por nosotros, por nuestro presbiterio diocesano y por todos los sacerdotes del mundo!
De paso por Lyon pudimos contemplar la grandeza y hermosura de su Catedral primada de San Juan y la resplandeciente Basílica de Nuestra Señora de Fourvière, signo de la fe y devoción mariana de los lioneses. Y ya, por la tarde, visitamos el Palacio de los Papas de Avignon, magnífica y maravillosa muestra de la estancia de los Papas en este lugar. Llegamos a Gerona al anochecer donde, una vez instalados, pudimos disfrutar con mayor sosiego de la fraternidad sacerdotal y del cumpleaños del Sr. Obispo.
Y el día 25 de septiembre nuestra peregrinación llegaba a su fin. Nuestro agradecimiento al Sr. Obispo de Gerona y Cabildo catedralicio que nos saludaron, acogieron y nos permitieron este día celebrar la Eucaristía en su S. I. Catedral. Nos obsequiaron con una visita guiada
Clausura del Año Sacerdotal
Concluye en Roma el año Sacerdotal proclamado por Benedicto XVI con motivo del 150 aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars. El próximo viernes 11 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús se celebrará una Eucaristía en la Plaza de San Pedro presidida por el Papa. Entre los actos previstos se encuentra un congreso que hoy y mañana tiene lugar en Roma con la asistencia de sacerdotes de todo el mundo, entre ellos un buen número de presbíteros y obispos españoles.
Con la asistencia de sacerdotes de todo el mundo, hoy y mañana se celebra en Roma un encuentro promovido por la Congregación para el Clero. El tema es: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote"..La primera jornada, tiene como tema: "Conversión y Misión" y el cardenal Joachim Meisner, arzobispo de Colonia (Alemania), dará una meditación en la Basílica de San Pablo Extramuros, que se podrá seguir también desde la Basílica de San Juan de Letrán. Posteriormente habrá adoración eucarística, con posibilidad de confesiones. El cardenal Cláudio Hummes, O.F.M., y el arzobispo Mauro Piacenza, prefecto y secretario de la Congregación para el Clero, presidirán una celebración eucarística respectivamente en San Pablo Extramuros y en San Juan de Letrán.El tema del segundo día del congreso, el 10 de junio, es: "Cenáculo: invocación al Espíritu Santo con María, en comunión fraterna". El cardenal Marc Ouellet, P.S.S., arzobispo de Québec (Canadá), predicará una meditación en la Basílica de San Pablo Extramuros, que se podrá seguir también desde la Basílica de San Juan de Letrán. Posteriormente, como el día anterior, habrá adoración eucarística, con posibilidad de confesiones. El cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado y el arzobispo Robert Sarah, secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, presidirán una celebración eucarística respectivamente en San Pablo Extramuros y en San Juan de Letrán.El cura de ArsSu verdadero nombre fue San Juan Bautista María Vianney, pero en todo el mundo es conocido con el nombre de Cura de Ars. Nació en Dardilly, en las cercanías de Lyon (Francia), el 8 de mayo de 1786. Tras una infancia normal, a los diecisiete años Juan María concibe el gran deseo de llegar a ser sacerdote. Su padre, aunque buen cristiano, pone algunos obstáculos, que por fin son vencidos. El joven inicia sus estudios en el seminario, dejando las tareas del campo a las que hasta entonces se había dedicado.
Juan María continúa sus estudios sacerdotales en Verrières primero y después en el seminario mayor de Lyón. Todos sus superiores reconocen la admirable conducta del seminarista, pero..., falto de los necesarios conocimientos del latín, no saca ningún provecho de los estudios y, por fin, es despedido del seminario. Intenta entrar en los hermanos de las Escuelas Cristianas, sin lograrlo. La cosa parecía ya no tener solución ninguna cuando, de nuevo, se cruza en su camino un cura excepcional: el padre Balley, que había dirigido sus primeros estudios. Él se presta a continuar preparándole, y consigue del vicario general, después de un par de años de estudios, su admisión a las órdenes. Por fin, el 13 de agosto de 1815, el obispo de Grenoble, monseñor Simón, le ordenaba sacerdote, a los 29 años. Sin embargo, el Santo Cura se sentía feliz al lograr lo que durante tantos años anheló, y a fuerza de tantas privaciones, esfuerzos y humillaciones, había tenido que conseguir: el sacerdocio.
Durante tres años, de 1815 a 1818, continuará aprendiendo la teología junto al padre Balley, en Ecully, con la consideración de coadjutor suyo. Muerto el padre Balley, y terminados sus estudios, el arzobispado de Lyón le encarga la pastoral de un minúsculo pueblecillo, a treinta y cinco kilómetros al norte de la capital, llamado Ars. El 9 de febrero de 1818, San Juan María llegó a Ars, pueblecillo del que prácticamente no volverá a salir jamás.
Podemos distinguir en la actividad parroquial de San Juan María dos aspectos fundamentales, que en cierta manera corresponden también a dos fases de su vida.
Mientras no se inició la gran peregrinación a Ars, el cura pudo vivir enteramente consagrado a sus feligreses. Y así le vemos visitándoles casa por casa; atendiendo paternalmente a los niños y a los enfermos; empleando gran cantidad de dinero en la ampliación y embellecimiento de la iglesia; ayudando fraternalmente a sus compañeros de los pueblos vecinos. Es cierto que todo esto va acompañado de una vida de asombrosas penitencias, de intensísima oración, de caridad, en algunas ocasiones llevada hasta el extremo para con los pobres. Pero San Juan María no excede en esta primera parte de su vida del marco corriente en las actividades de un cura rural. Solía ayudar, con fraternal caridad, a sus compañeros en las misiones parroquiales que se organizaban en los pueblos de los alrededores. En todos ellos dejaba el Santo un gran renombre por su oración, su penitencia y su ejemplaridad. Era lógico que aquellos buenos campesinos recurrieran luego a él, al presentarse dificultades, o simplemente para confesarse y volver a recibir los buenos consejos que de sus labios habían escuchado. Éste fue el comienzo de la célebre peregrinación de feligreses a Ars. Lo que al principio sólo era un fenómeno local, circunscrito casi a las diócesis de Lyon y Belley, luego fue tomando un vuelo cada vez mayor, de tal manera que llegó a hacerse célebre el cura de Ars en toda Francia y aún en Europa entera. De todas partes empezaron a afluir peregrinos, se editaron libros para servir de guía, y es conocido el hecho de que en la estación de Lyón se llegó a establecer una taquilla especial para despachar billetes de ida y vuelta a Ars. Aquel pobre sacerdote, que trabajosamente había hecho sus estudios, y a quien la autoridad diocesana había relegado en uno de los pueblos más pequeños y menos devotos de la diócesis, iba a convertirse en consejero buscadísimo por millares y millares de almas. Y entre ellas se contarían gentes de toda condición, desde prelados insignes e intelectuales famosos, hasta humildísimos enfermos y pobres gentes atribuladas que irían a buscar en él algún consuelo.
Aquella afluencia de gentes iba a alterar por completo su vida. Día llegará en que el Santo Cura desconocerá su propio pueblo, encerrado como se pasará el día entre las míseras tablas de su confesonario. Entonces se producirá el milagro más impresionante de toda su vida: el simple hecho de que pudiera subsistir con aquel género de vida.
No imaginemos, sin embargo, al Santo como un ser completamente desligado de toda humanidad. Antes al contrario. Conservamos el testimonio de personas, pertenecientes a las más elevadas esferas de aquella puntillosa sociedad francesa del siglo XIX, que marcharon de Ars admiradas de su cortesía y gentileza. Ni es esto sólo. Mil anécdotas nos conservan el recuerdo de su agudo sentido del humor. Sabía resolver con gracia las situaciones en que le colocaban a veces sus entusiastas. Así, cuando el señor obispo le nombró canónigo, su coadjutor le insistía un día en que, según la costumbre francesa, usara su muceta. «¡Ah, amigo mío! -respondió sonriente-, soy más listo de lo que se imaginaban. Esperaban burlarse de mí, al verla sobre mis hombros, y yo les he cazado». «Sin embargo, ya ve, hasta ahora es usted el único a quien el señor obispo ha dado ese nombramiento». «Natural. Ha tenido tan poca fortuna la primera vez, que no ha querido volver a tentar suerte».
Pero donde más brilló su profundo sentido humano fue en la fundación de «La Providencia», aquella casita que, sin plan determinado alguno, en brazos exclusivamente de la caridad, fundó el señor cura para acoger a las pobres huerfanitas de los contornos.
El viernes 29 de julio de 1859 se sintió indispuesto. Pero bajó, como siempre, a la iglesia a la una de la madrugada. Sin embargo, no pudo resistir toda la mañana en el confesonario y hubo de salir a tomar un poquito de aire. Antes del catecismo de las once pidió un poco de vino, sorbió unas gotas derramadas en la palma de su mano y subió al púlpito. No se le entendía, pero era igual. Sus ojos bañados de lágrimas, volviéndose hacia el sagrario, lo decían todo. Continuó confesando, pero ya a la noche se vio que estaba herido de muerte. Descansó mal y pidió ayuda. «El médico nada podrá hacer. Llamad al señor cura de Jassans».
Ahora ya se dejaba cuidar como un niño. No rechistó cuando pusieron un colchón a su dura cama. Obedeció al médico. Y se produjo un hecho conmovedor. Éste había dicho que había alguna esperanza si disminuyera un poco el calor. Y en aquel tórrido día de agosto, los vecinos de Ars, no sabiendo qué hacer por conservar a su cura queridísimo, subieron al tejado y tendieron sábanas que durante todo el día mantuvieron húmedas. No era para menos. El pueblo entero veía, bañado en lágrimas, que su cura se les marchaba ya. El mismo obispo de la Diócesis vino a compartir su dolor. Tras una emocionante despedida de su buen padre y pastor, el Santo Cura ya no pensó más que en morir. Y en efecto, con paz celestial, el jueves 4 de agosto, a las dos de la madrugada, mientras su joven coadjutor rezaba las hermosas palabras «que los santos ángeles de Dios te salgan al encuentro y te introduzcan en la celestial Jerusalén», suavemente, sin agonía, «como obrero que ha terminado bien su jornada», el Cura de Ars entregó su alma a Dios.
Así se ha realizado lo que él decía en una memorable catequesis matinal: «¡Dios mío, cómo me pesa el tiempo con los pecadores! ¿Cuándo estaré con los santos? Entonces diremos al buen Dios: Dios mío, te veo y te tengo, ya no te escaparás de mí jamás, jamás».
Fue canonizado por el Papa Pío XI el 31 de mayo de 1925, quien tres años más tarde, en 1928, lo nombró Patrono de los Párrocos. El Papa Benedicto XVI proclamó a San Juan María Vianney "Patrono de todos los sacerdotes del mundo" el 19 de junio de 2009. Su cuerpo se conserva INCORRUPTO en la Basílica de Ars. Su fiesta se celebra el 4 de agosto.
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