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Declaración efectuada por el Cardenal Bernard Law el 17 de abril de 2002

Durante los últimos días, he estado en Roma buscando consejo y ayuda. El centro de interés de mis encuentros ha sido el impacto en la opinión pública de los casos de abuso sexual de Shanley y otros, tanto en general como específicamente entre los fieles de mi diócesis.El hecho de que mi renuncia ha sido propuesta como necesaria fue parte de mi presentación.

He tenido la oportunidad de encontrarme con diversos oficiales de la Santa Sede. El Santo Padre gentilmente me ha recibido.

El Papa y aquellos otros con los que me he encontrado son verdaderamente conscientes de la gravedad de la situación. Es evidente para mí, que el primer énfasis de la Santa Sede, como el de la Iglesia en la Archidiócesis, es la protección de los niños.

Como fruto de mi estancia en Roma, regreso animado en mis esfuerzos de ofrecer una gestión tan eficaz como sea posible en asegurar, hasta donde sea humanamente posible, que ningún niño volverá a ser víctima de otro abuso por un sacerdote de esta Archidiócesis.

Es mi intención dirigir a fondo la gestión de estos casos mediante la revisión del pasado de un modo tan sistemático y exhaustivo como sea posible, de modo que las preguntas legítimas que se puedan formular, sean respondidas. Los medios que puedan aportar la Boston Catholic Televisión y The Pilot se usarán para hacer posible el registro de todos los casos.

Al mismo tiempo, como he escrito a mis hermanos sacerdotes el pasado viernes, "mi deseo es servir a esta Archidiócesis y a la entera Iglesia con toda la fibra de mi ser. Y esto lo continuaré haciendo mientras que Dios me dé la oportunidad".

Hecho público por la Oficina de información de la Santa Sede. Original en inglés.

 

El nuevo puritanismo. Claves para entender la campaña contra la Iglesia Católica en EE UU

Las noticias sobre los abusos sexuales de sacerdotes católicos han adquirido carácter obsesivo en los medios de comunicación de Estados Unidos. Desde hace meses, día a día, prácticamente sin excepción, quienes vivimos en EEUU nos vemos obligados a tragarnos la historia de tal o cual víctima a quien un cura manoseó o intentó besar hace 20 o 30 años, o más. Lo abrumador de la situación ha llevado al suicidio a varios sacerdotes acusados de abuso sexual. En uno de los casos, una mujer, al calor del presente escándalo, acusaba a un cura de haber tenido contacto erótico con ella (no necesariamente relaciones sexuales completas) hace más de una década, cuando él tenía 25 años y ella menos de 18.

La tensión en torno al asunto es tal que desde hace varios meses se vienen produciendo manifestaciones a favor y en contra de la Iglesia católica y hasta ocasionales enfrentamientos en las puertas de algunos templos. Debido a la actual política de tolerancia cero adoptada por muchas diócesis norteamericanas, una acusación de abuso sexual, incluso anónima, es suficiente para que un sacerdote sea apartado de su puesto y sometido a un trato poco menos que vejatorio. En total ha habido hasta el momento unos 200 sacerdotes acusados (la mayor parte por tocamientos a adolescentes) sobre un periodo que se extiende ni más ni menos que hasta los años 40. A lo largo de ese periodo ha habido más de 100.000 sacerdotes en EEUU.

No hay duda alguna de que en el caso de los curas estadounidenses algunos abusos muy graves sí ha habido. Pero son muy pocos los sacerdotes acusados de abuso sexual de niños, propiamente hablando. En la mayoría de los casos, las acusaciones van referidas a relaciones con adolescentes. Las razones reales para la presente tormenta mediática en torno a la Iglesia católica hay que buscarlas en toda una constelación de elementos interrelacionados y poco obvios a primera vista.

Arropándose en la realidad innegable de un puñado de casos auténticamente criminales, la América puritana y reaccionaria, y la cultura punitiva que la caracteriza, con su fuerte apoyo a la pena de muerte, está aprovechando para imponer su programa ideológico sobre toda la sociedad. En un país donde se ejecuta a personas que han pasado hasta 28 años en el corredor de la muerte por crímenes cometidos cuando eran menores de edad, la Iglesia católica, siguiendo directrices del Vaticano, ha capitaneado en los últimos años una agresiva y ruidosa campaña de oposición a la pena capital. Con ello ha logrado que se debilite significativamente el apoyo a las ejecuciones entre la opinión pública, lo cual ha irritado profundamente a los sectores más puritanos y conservadores. Finalmente, la cultura católica del perdón, la redención y la segunda oportunidad (formas de pensamiento dominantes en la legislación y en las prácticas judiciales de la Europa de tradición católica) ha chocado frontalmente con la inflexible cultura puritana y su énfasis en el castigo, la libertad individual y la responsabilidad absoluta. La ideología puritana es la dominante en EEUU, pero ve peligrar su hegemonía por el rapidísimo avance del catolicismo en las últimas décadas.

El pasado 5 de abril, The Christian Science Monitor, una de las publicaciones más prestigiosas de EEUU, informaba extensamente sobre un estudio comparativo llevado a cabo recientemente sobre abuso sexual en las diferentes iglesias. El artículo, que se puede consultar en Internet (Sex abuse spans spectrum of churches), ofrece numerosos datos estadísticos referidos a un periodo de nueve años y concluye que se producen más casos de abuso sexual en las iglesias protestantes que en la católica. A partir de ahí, los autores especulan, un poco ingenuamente, sobre por qué se ha dado tanta importancia a los casos de abuso sexual en la Iglesia católica mientras se silencian los otros.

Toda relación sexual con niños es indudablemente abusiva y criminal. Pero en el caso de los adolescentes, sin embargo, habría que hacer distinciones, pues éstos tienen impulso sexual, conducta sexual, y toman decisiones autónomas en ese ámbito. La legislación norteamericana, sin embargo, identifica la pederastia (relaciones intergeneracionales entre adultos y adolescentes o jóvenes adultos) con los actos de pedofilia (abuso sexual de niños propiamente hablando, es decir, prepubescentes) y, en consecuencia, define legalmente toda relación con un menor de 18 años como pedófila. Ello da lugar a casos como el de Daniel Carleton Gajdusek, Premio Nobel de medicina en 1976, que en 1987, a los 73 años de edad, fue condenado a pasar nueve meses en la cárcel acusado de haber abusado sexualmente, en 1981, de un joven que en aquel entonces tenía 16 años. El término «abuso» en la mayoría de los casos hace referencia a tocamientos.

La política norteamericana en cuestiones de sexualidad llega a extremos que en Europa en el momento actual resultarían inaceptables. Por poner algunos ejemplos, en ciudades como Los Angeles la policía, de modo habitual, entra por sorpresa en los sex shops y se lleva arrestados y esposados a aquéllos a los que encuentre masturbándose en una videocabina («conducta lasciva», según la legislación californiana). A excepción de las escasas playas delimitadas como nudistas, si a una mujer se le ocurre quitarse el sujetador en la playa, en cualquier playa de todo el territorio nacional, incluido Hawai, es inmediatamente arrestada por «exhibición indecente».Si dos menores tienen algún tipo de contacto sexual, el mayor de ellos (aunque tan sólo se lleven días de diferencia) es acusado de abuso sexual y puede ser internado en un reformatorio. Y cualquier relación consumada entre una persona mayor de 18 años y otra menor de esa edad es definida legalmente como violación, incluso si ha habido pleno consentimiento por parte del menor.

Dentro de este marco sociocultural es donde hay que entender la histeria desatada desde EEUU (y proyectada en medio mundo ya) en torno a la pornografía infantil, que hace que se hayan llegado a prohibir anuncios en los que aparece un niño o una niña enseñando el culito. Pero hay que señalar que la pornografía infantil no está prohibida por ser más degradante que otras. Hay otros tipos de pornografía cuando menos igualmente degradantes, como es el caso de la pornografía que muestra relaciones sexuales de personas con animales, y que, sin embargo, están permitidas. La pornografía infantil está prohibida sólo y exclusivamente con objeto de proteger del abuso a los potenciales actores de la misma, es decir, a los niños. Del mismo modo, en algunos lugares (como es el caso de California, pero lamentablemente no de España) está prohibida la pornografía con animales, con objeto de proteger a los animales de la bestialidad humana.

En consecuencia con este principio, hace pocas semanas el Tribunal Supremo de EEUU declaraba que no se puede prohibir la pornografía infantil generada con técnicas informáticas que generan imágenes que parecen de personas reales pero sin serlo, pues en ella no actúan niños. No deja de ser paradójico, en cualquier caso, que sea California uno de los estados que encabeza la actual cruzada puritana cuando tan sólo en el condado de Los Angeles se produce más del 90% de toda la pornografía mundial, de lo que la Administración obtiene pingües beneficios fiscales.

Lo que es absolutamente hipócrita tanto en EEUU como en España es estar permanentemente invitando, cuando no abiertamente incitando, a los adolescentes mediante un lenguaje y unas imágenes groseras, particularmente en televisión, a una actividad sexual irresponsable para después llevarnos las manos a la cabeza cuando finalmente hacen aquello que se les está incitando permanentemente a hacer. Si realmente nos preocuparan los niños, y especialmente los adolescentes, quienes más vulnerables son a los estímulos sexuales, se cultivaría un clima de responsabilidad social en medios como la televisión.

Recuerdo cómo un día del pasado verano, en su informativo del mediodía, cuando todas las familias y sus niños más atentos están a la televisión, uno de los principales canales españoles nos dio con todo detalle la noticia de una red de burdeles, con imágenes de sus magníficas instalaciones, mapas, direcciones, honorarios y hasta números de teléfono. No estaría de más saber cuánto untó el proxeneta a dicho canal para ofrecer tan descarada publicidad disfrazada de noticia. Menuda responsabilidad social.

Juan Antonio Herrero Brasas es profesor de Etica y Política en la Universidad del Estado de California
Publicado en El Mundo, madrid 5 de junio de 2002

   

Perdón, transparencia y propósito de mejora

Hay algunos colegas que para escribir sobre la Iglesia agarran las gafas negras de la guantera del coche y, así, claro, escriben lo que escriben. Como lo ven todo negro en esto de la Religión, vierten esa negrura vital en las crónicas que aparecen en sus medios. Antes de ayer era El País el que afirmaba que los cardenales estadounidenses iban a solicitar al Papa el fin del celibato y la admisión del sacerdocio femenino. Por mucho que he rastreado entre las noticias de agencias, no he logrado encontrar nada. Y lo mismo pasa con esa sesuda campaña mediática que busca enfermizamente que el Papa dimita. Llevan diez años aburriéndonos con lo mismo, y ese adorable anciano ya lo ha dejado bien clarito: «La Iglesia se gobierna con la cabeza, no con los pies». Y así parecen entenderlo los cardenales estadounidenses, que ante la grave crisis que sacude la Iglesia del «país del imperio» -por clara dejación de funciones de gobierno en los casos de pederastia-, han acudido al Papa para solicitar «una señal fuerte» que logre limpiar esos lodos. Y . Les ha dicho a los prelados yanquis que «tolerancia cero» con los sacerdotes que cometen estas aberraciones; diligencia y rapidez en bloquear esos casos; transparencia informativa y judicial; petición pública de perdón por omisión, y un plan para que no se vuelva a repetir. Chapeau. Y eso que está enfermo y viejo.

Fuente: La Razón Digital, Madrid, miércoles, 24 de abril de 2002

   

Lecciones del escándalo

El escándalo -no cabe un calificativo más suave- de los sacerdotes pederastas en Estados Unidos duele en la Iglesia, y fuera de ella. A quien es y vive como católico, porque de los sacerdotes se espera ejemplaridad; a quien no lo es, porque confiar a unos niños a la enseñanza religiosa o de otro tipo a alguna persona que actúa con perversidad sexual también repugna. Sencillamente, doloroso, tal como el Papa ha señalado reiteradamente.

Junto a convicciones religiosas y sentimientos, hay otros elementos que no pueden pasar inadvertidos en este caso. Por ejemplo, la fortaleza del Papa ante esta materia, que descalifica a cuantos vienen pidiendo -¿desde hace cuántos años?- su abandono, por falta de salud. A la vista de lo sucedido estos días, si esas voces tienen sólo sentido común, tardarán en repetir el consabido sainete, que más bien parece el compás de una orquesta que parece interpretar un ensayo prefabricado en foros de dudosa legitimidad moral.

Otra lección es que el escándalo es real, pero no puede empañar al sacerdocio y al celibato en su conjunto, como algunos pretenden precisamente en estos días, aprovechando el dolor y los sentimientos de repulsa de todos. Es noticia ese escándalo, pero no lo es que la inmensa mayoría de los sacerdotes viven su vocación íntegramente, y muchos con heroicidad humana y sobrenatural, y por supuesto no se cuestionan el celibato, entre otras cosas porque, cuando se ordenaron sacerdotes, optaban libremente por un camino que amaban y conocían bien. No puede empañar este escándalo, ni bajo la sombra de la sospecha, la broma o la ridiculización, la vocación sacerdotal.

Si es demagógico y deleznable aprovechar estos escándalos para atacar a la Iglesia y a los sacerdotes, afirmando poco menos que el celibato propicia las aberraciones sexuales, todavía es más indignante, demagógico y falto de toda coherencia lógica aprovechar para reivindicar que las mujeres puedan ordenarse sacerdotes. ¿Qué tendrá que ver una cosa con otra?

Queda de manifiesto, una vez más, que todos los hombres tenemos defectos, y que la práctica religiosa no depende de las virtudes que vemos en un católico que tenemos al lado, o incluso de un clérigo, aunque laicos y sacerdotes tenemos un deber de ejemplaridad. La fe y la confianza en la Iglesia tiene otro origen, que es sobrenatural, y hasta de sentido común: la ejemplaridad de la mayoría de los sacerdotes impulsa a la práctica de la fe, a seguir en una Iglesia que basa tu tesoro en la asistencia del Espíritu Santo, que de nuevo se ha puesto de manifiesto con la actuación decidida del Papa.

Creemos por la Iglesia, no por tal o cual clérigo. Y justo es recordar que ninguna institución como la Iglesia Católica puede presentarse ante la opinión pública con tantos siglos de abnegación, entrega, ejemplaridad, respeto a la infancia, y por supuesto en los actuales momentos.

Me indignan comentarios y artículos que, en estos días, se vierten intentando manchar y confundir sin distinción. Para muchos católicos, con poca información o escasa formación, el dolor del escándalo puede confundirles, dejarles perplejos o cabizbajos, en vez de reafirmar su condición y orgullo, precisamente por la confianza y el ejemplo de la inmensa mayoría de los clérigos de todo el mundo.

Lo que sucede es que más de uno se olvida de que, en la opinión pública, estos fenómenos no son casuales, como casi nada en la vida. Algunos rechazan la hipótesis de que haya una "campaña" en sentido estricto, que busca debilitar los cimientos de la Iglesia Católica con ocasión y sin ella, pero sobre todo cuando hay un motivo real como es el escándalo ante el que el Papa ha anunciado esa "tolerancia cero".

Hay sectores anticatólicos organizados y preparados, con caras diversas según los años y países, con ramificaciones y tentáculos variopintos, para que no se pueda identificar la existencia misma de una "campaña". Siento decirlo, pero lo afirmo como profesional de los medios de comunicación: esa campaña existe, y más de uno ha de dejar de hacer el juego con su ingenuidad, escándalo farisaico o complejo, que probablemente son síntomas de una falta de hondura en las propias convicciones católicas.

Según la ideología o el afán de rentabilidad económica, los medios de comunicación tratan este escándalo de un modo u otro, y desde luego ha habido columnistas y medios de comunicación que han sabido diseccionar el escándalo de la realidad del sacerdocio, la desviación sexual de algunos clérigos de la aceptación gustosa del celibato de la mayoría de los sacerdotes, que eligieron libremente ese camino. Este asunto ha sido una ocasión más para que cada medio de comunicación se retrate.

Fuente: Piensa un poco.com

   

Mensaje a los sacerdotes de Estados Unidos

Mensaje de los Cardenales del país y la presidencia del episcopado de Estados Unidos

Nosotros, los cardenales de Estados Unidos y la presidencia de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos, reunidos con nuestros hermanos cardenales de la Curia romana en torno a la Sucesor de Pedro, deseamos dirigiros una palabra especial a vosotros, nuestros hermanos sacerdotes, que os entregáis tan generosamente día a día al servicio del Pueblo de Dios.

En nuestra reunión, habéis estado sumamente presentes en nuestros corazones, pues conocemos la pesada carga de sufrimiento y vergüenza que estáis soportando a causa de algunos que han traicionado la gracia de la ordenación, abusando de aquéllos a los que se les había confiado.

Lamentamos que la inspección episcopal no haya sido capaz de preservar a la Iglesia de este escándalo. Toda la Iglesia, Esposa de Cristo, está afligida por esta herida, ante todo las víctimas y sus familiares, pero también vosotros, que dedicáis vuestras vidas al «sagrado oficio del Evangelio de Dios» (Romanos 15, 16).

A todos vosotros os expresamos nuestra profunda gratitud por todo lo que hacéis para construir el cuerpo de Cristo en santidad y amor. Os prometemos apoyaros de todos los modos posibles en estos momentos de prueba y os pedimos que estéis cerca de nosotros en el vínculo sacerdotal, mientras hacemos todos los esfuerzos posibles para llevar la gracia sanadora de Cristo a las personas a las que servimos.

Nos sentimos en total armonía con el Santo Padre cuando dijo en su discurso de ayer: «No deberíamos olvidar el inmenso bien espiritual, humano y social que la gran mayoría de los sacerdotes y religiosos en Estados Unidos han hecho y siguen haciendo [...] A las comunidades católicas en Estados Unidos, a sus pastores y miembros, a religiosos y religiosas, a los profesores de las universidades y escuelas católicas, a los misioneros estadounidenses en todas las partes del mundo, se dirige el profundo agradecimiento de toda la Iglesia católica y la gratitud personal del obispo de Roma».

Al mirar al futuro, supliquemos juntos al Sumo Sacerdote la gracia de vivir este momento de prueba con valor y confianza en el Señor crucificado. A esto nos emplaza nuestra ordenación: «imitad el misterio que celebráis, modelad vuestra vida según el misterio de la Cruz del Señor» («Rito de la Ordenación»); es un aspecto esencial de lo que nosotros ofrecemos ahora a la Iglesia, que pasa a través de momentos de sufrimiento y purificación. Desde la casa del Sucesor de Pedro, que nos ha confirmado en nuestra fe, queremos confirmaros en el humilde y elevado servicio del sacerdocio católico al que hemos sido llamados. ¡Que la paz sea con vosotros!

Hecho público en Roma el 24 de abril de 2002

   

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